“La historia se repite a sí misma dos veces, la primera en forma de comedia, la segunda en forma de farsa” diría Marx al observar a Napoleón III llegar al poder mediante un golpe de Estado de la misma forma que su tío, Napoleón I. Si bien es cierto que el comentario no es más que una forma irónica de describir un hecho histórico de hace siglo y medio (de ahí que no deba de ser tomada de forma literal, toda la teoría histórica de Marx se basa en lo contrario, en los cambios en la estructura) el comentario bien valdría para describir lo que sucede con el partido de la revolución institucionalizada.
El PNR, partido antecesor del PRI, fue fundado en 1928 por el Gral. Plutarco Elías Calles con el objetivo de crear una institución política en que las diferencias políticas no fueran dirimidas a tiros sino mediante acciones políticas. En términos operativos, ello supuso juntar en un solo organismo políticos a todos los partidos regionales, grupos y líderes que se vinculaban a sí mismos con la Revolución con el objetivo de que las luchas políticas entre la llamada “familia revolucionaria” ya no desembocaran en connatos de golpes de Estado. ¿Cómo se juntarían y se mantendrían unidos? Bajo el poder político del Jefe Máximo de la Revolución, quien de 1928 a 1934 sería el encargado de decidir el destino de cada uno de los grupos políticos en el país.
Regresemos al 2010. El PRI gobierna en la mayoría de los Estados del país, además es el partido con el que existe mayor afinidad por parte de la población (de acuerdo a los datos del Monitor Mitofsky ) lo cual se confirma con los resultados electorales de 2009. A su vez, es el que encabeza todas las encuestas concernientes a las elecciones presidenciales de 2012 (ojo, incluso sin ningún candidato). Hasta aquí parecería ociosa la comparación con el PNR, sobretodo porque el primero era un partido de partidos y el PRI es el único partido cuya presencia es realmente de índole nacional. Sin embargo hay dos aspectos fundamentales en el que pareciera que el PRI de 2010 se empeña en parecerse al PNR de 1928.
El primero de ellos es la falta de una ideología real de partido, se dicen socialdemócratas pero lo que hay dentro del PRI no son diferentes percepciones de la socialdemocracia. Dentro del PRI en términos ideológicos uno puede encontrar a nacionalistas, “neoliberales”, socialdemócratas y otros grupos; es decir la ideología no es factor de unión. Esta carencia ideológica ha regresado al PRI al papel original del PNR; ser la institución en donde se dirimían los pleitos políticos evitando la violencia. Es más una maquina ganadora de elecciones que un partido con programa y una serie de propuestas históricas generadoras de ideología.
El otro punto fundamental y que deriva del primero, es que es un partido que funciona en realidad desde el ámbito regional. Es decir son los gobernadores priistas los encargados de operar la maquinaria política para conseguir las diputaciones, las municipalidades y las curules en el Senado. De igual forma son los gobernadores los que dan línea de acción a los diputados locales sobre que propuestas aprobar y cuáles no. La dirigencia nacional parecería más una coordinación entre los diversos cacicazgos que una dirigencia encargada de generar una política nacional de partido. Los priistas de partido, es decir los que dependen del partido y no de algún gobernador son minoría y no han logrado transformar al PRI en un partido que sea algo más que una maquina de votos.
Sin embargo algo ha evitado que el PRI se vaya a un enfrentamiento interno como ocurrió en 2006. El PNR requería de una figura externa que dirimiera los conflictos (el mejor ejemplo Portes Gil vs Ortiz Rubio) ¿Este PRI también? O será que poco a poco han comenzado a construir un verdadero partido…
¿Tú qué piensas?
Luis Angel Monroy Gómez Franco


Creo que el título para esta entrada es el menos apropiado para la situación de nuestro país. Y no, no crean que esto es una crítica a la redacción o algo por el estilo. Desde mi punto de vista, esta heterogeneidad ideología en México -y el a veces sólido, a veces casi nulo intento de homogenizarla-, más que ser una “regresión histórica” es una “eterna constante” (de nuevo aqui, no lo tomen como algo literal, sino como una manera irónica de expresar la naturaleza del problema).
Tomaré un ejemplo al parecer muy adecudado ya que nos referimos a un país altamente futbolero. Nuestra selección nacional (y la mayoría de clubes) carece de unidad técnica. Mientras que otros países se caracterizan por cierto sistema de juego caracteristico (el ejemplo más claro es Italia, con su estrategia defensiva), los cambios de director técnico y la falta de solidez en los futbolistas nos hacen un equipo inconsistencia. En pocas palabras, no se siguen PROCESOS.
Este ejemplo -tal vez a primera vista una banalidad- no es más que uno de los tantos casos de fragilidad en los procesos que rigen nuestra sociedad. En la política (ya sea la nacional o la de las diferentes regiones), en casos específicos de empresas, en los deportes y en casi todos los aspectos de la sociedad mexicana.
¿A qué se debe, pues, esta falta de acuerdos? Hay muchos factores, aunque todos ellos debatibles. Tal vez el alto grado de mestizaje, el gran número de etnias, la creciente brecha entre pobres y ricos o la desaparición de una clase media que sirva como “cemento ideológico” (la idea la tomé del historiador marxista Hobsbawm). Pero creo que la más importante de ellas -aunque no de forma absoluta, ya que todos los factores están interrelacionados- es la falta de educación en la población, lo que conlleva a una pelea de intereses personales prácticamente sin argumentos efectivos.
Esta educación, sin embargo, no se puede obtener si no se toman las estrategias gubernamentales erróneas. Entramos entonces en un círculo vicioso que parece ser eterno. Retomemos entonces una entrada de este mismo blog escrita en el mes de diciembre si no mal recuerdo en el que se hablaba del tipo de cambio que necesitaba México: como bien dije ahi, este debe ser un cambio INSTITUCIONAL. Se debatía que este cambio presentaba el defecto de necesitar una tiempo considerable para madurar. Sin embargo, creo que si el cambio se lleva de manera constante, tarde o temprano tendrá sus efectos positivos sobre la sociedad y, más específicamente en la manera de pensar tan egoísta y personalista que caracteriza la política mexicana.